La relevancia del Tratado sobre Comercio de Armas en la prevenci贸n de la violencia armada

May 26 2011, 8:25 AM  by Oistein Thorsen

En el marco de la seguridad humana se deben tomar medidas para controlar la violencia armada, un fenómeno en expansión a pesar de la disminución en el número de conflictos armados. Con el fin de la guerra, o en la ausencia de la misma, no necesariamente se marca el cese o la ausencia de las hostilidades, pues la violencia armada puede cotidianamente reflejarse en ataques contra los derechos humanos y el desarrollo al punto en que miles de personas mueren y resultan lesionadas cada año. Familias y comunidades enteras sufren daños irreparables.

Escrito por Héctor Guerra (IANSA)

Se ha estimado que la violencia que involucra todo tipo de armas convencionales, cobra la vida de al menos 740.000 personas cada año. La mayoría de tales muertes, unas 490.000, ocurren en situaciones fuera de los conflictos armados. Las principales causantes de tales muertes son las armas pequeñas y ligeras.

Las muertes violentas, principalmente de gente joven, o la violencia de género, sobresalen. Sabemos que se han hecho importantes esfuerzos a todo nivel, a través de leyes y políticas públicas a nivel nacional, y de instrumentos internacionales, para hacer frente a esta problemática. Pero estos esfuerzos no han ocurrido de manera homogénea a nivel mundial, y el problema de la proliferación y uso indebido de las armas, y la subsecuente violencia armada continúan, e inciden de manera decisiva en todas las regiones. Es en este sentido que un ATT robusto puede marcar una gran diferencia y llenar los vacíos existentes. Se tiene que reconocer la interrelación que existe entre las transferencias no reguladas de armas y la violencia armada en un país.

Entre los criterios del tratado debe incluirse uno que establezca la no autorización de transferencias de armas en tanto que haya riesgos sustanciales de que éstas perpetúen o refuercen patrones de homicidios y lesiones graves, o de violencia de género cometidos o facilitados con armas de fuego. Así, toda vez que los Estados se dispongan a llevar a cabo una transferencia, han de contemplar, entre otras cosas, los datos existentes sobre muertes, lesiones, y los patrones de violencia armada en los países que participen de tal operación.

Los Estados emisores deben realizar un análisis detallado sobre el uso final declarado y el usuario final de las armas que se van a transferir evaluando que el tipo, la cantidad y la características de las armas sean consistentes con los requerimientos del país a dónde se dirigen; que verifiquen si los receptores finales son legítimos y operan legalmente, bajo reglas claras de rendición de cuentas o fiscalización de los Estados receptores; que los receptores finales demuestren y garanticen que, de hecho, serán los únicos usuarios de tales armas; así como su capacidad para asegurar que el equipo o materiales relacionados no será desviado o transferido a otras personas, entidades o destinos donde las armas puedan utilizarse para contravenir los propósitos del tratado.

Se debe destacar que la asistencia a víctimas debe aplicarse tanto a personas que padecen los efectos de la violencia armada dentro y fuera de contextos de conflicto. Si este tratado ha de ser fiel a sus principios, deberá atender los asuntos relacionados con la asistencia a las víctimas, reconociendo el derecho de los individuos y comunidades que padecen el impacto de las transferencias de armas deficientemente reguladas.

No hay duda de que el ATT puede ser una herramienta importante para atender eficazmente el problema de la violencia armada.

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